El pasado lejano ya está cerca...
Se me acerca, así, inesperadamente, como mucho de lo que me ha ocurrido por estos días, un encuentro maravilloso, con compañeros de curso de enseñanza media. Sí, y aunque pareciera que en lo inesperado no hay voluntad alguna, ese encuentro con lo pasado tiene ese pedazo de querer, y añoranza, de eternizar el pasado, al menos un trazo de él.
Mucho de lo que no pude observar, vivencias, historias, pallazadas y quizás qué más, vienen a mi encuentro; o mejor dicho, el pasado ingenuo, inocente de mi adolescencia viene a reunir a muchachos ya adultos a reconocerse, a invitarnos a observar en ese espejo del existir, pero ahora ya con una mirada más adulta, más consciente, el qué y quiénes somos ahora.
Sólo deseo oir y reconocer momentos y gentes, amigos, aunque ya mi propio punto de vista y reflexivo, de todo y ante todos, nazca en el presente, desde el aquí y ahora cotidiano. Este afán por lo cotidiano, la experiencia y las verdades en ella de cualquiera me completan la atención, y suelo no mirar ni considerar lo que ya fue. Pero es sólo algo metodológico que, en apariencia, pareciera ser inhumano. Y qué, hay algo más humano que tener los pies plantados en el presente, en lo más concreto posible? Y mientras más concreto más humano, algo así como desarrollar todo existir en el aquí y ahora.
Pero sé que la presencia de historias ajenas, alimentan el conocimiento de la vida misma, y desde esa mirada no importa cuándo ocurrió tal cosa sino que verdaderamente ocurrió. Eso hace importante la historia en cada vida: siempre habrá un acontecimiento nuevo que contar y otro que escuchar sobre el cuál se sostenga un existir y dé justificación al presente y a lo que hemos sido.
A por los amigos y compañeros y compañeras, a descubrir lo que antes no tuve la destreza ni el momento, a compartir lo poco que ha pasado en mi vida, a por mi cercano encuentro inesperado con mi pasado lejano...
Mucho de lo que no pude observar, vivencias, historias, pallazadas y quizás qué más, vienen a mi encuentro; o mejor dicho, el pasado ingenuo, inocente de mi adolescencia viene a reunir a muchachos ya adultos a reconocerse, a invitarnos a observar en ese espejo del existir, pero ahora ya con una mirada más adulta, más consciente, el qué y quiénes somos ahora.
Sólo deseo oir y reconocer momentos y gentes, amigos, aunque ya mi propio punto de vista y reflexivo, de todo y ante todos, nazca en el presente, desde el aquí y ahora cotidiano. Este afán por lo cotidiano, la experiencia y las verdades en ella de cualquiera me completan la atención, y suelo no mirar ni considerar lo que ya fue. Pero es sólo algo metodológico que, en apariencia, pareciera ser inhumano. Y qué, hay algo más humano que tener los pies plantados en el presente, en lo más concreto posible? Y mientras más concreto más humano, algo así como desarrollar todo existir en el aquí y ahora.
Pero sé que la presencia de historias ajenas, alimentan el conocimiento de la vida misma, y desde esa mirada no importa cuándo ocurrió tal cosa sino que verdaderamente ocurrió. Eso hace importante la historia en cada vida: siempre habrá un acontecimiento nuevo que contar y otro que escuchar sobre el cuál se sostenga un existir y dé justificación al presente y a lo que hemos sido.
A por los amigos y compañeros y compañeras, a descubrir lo que antes no tuve la destreza ni el momento, a compartir lo poco que ha pasado en mi vida, a por mi cercano encuentro inesperado con mi pasado lejano...
Comentarios
Publicar un comentario