Al menos sé a qué atenerme, amigo
Qué haces, a qué tanto insistes en ofrecer tus reflexiones, y de ese modo, con tu lenguaje, balbuceante, a arañarazos por hacerte entender -me dices- ante los demás? Y debo responderle, mi amigo, que lo mío, mis reflexiones, son mías, son mi intento por explicarme a mí mismo estos asuntos, y muchos de ellos filosóficos, y que si alguno se vio en la posibilidad de leerme nos es asunto ni intensión mía, por más que crea que si todos, amigos y enemigos y desconocidos, observaran un pelo sus vidas y se las explicaran, seducidos por mí a hacerlo, eso sí me gratificaria mucho.
Y si caes en cuenta, mientras tú y los demás viven lo que les toca, yo me veo seducido a saber a qué atenerme en este mi existir que me ha tocado. Y por más que el vulgo crea que filosofar, en estos tiempos, no conduce a nada, hacen gala de su ignorancia, quizá flojera intelectual, no ante mi humilde inquietud sino ante sus propias vidas. Pues no hay existencia que no necesite de observarse, ni siquiera la tuya, ya que eres uno de esos a los que aconsejo a la reflexión, más allá de lo que yo diga o no: mis pensares son míos, solucionarían mis propios problemas; mis palabras son mías y sólo en mí adquieren importancia, y sólo es a mi alma a la que sanarán. A ti te toca lo tuyo, tus palabras, tus silencios y llantos, y si no tienes las ganas de preocuparte de ti mismo, yo no tengo la culpa.
Por lo demás, mi tiempo lo uso como mejor creo, al menos puedo decir que mi lenguaje a mejorado y, quizá también, lo que sé de mí mismo. Y si actúo de una forma diferente a como escribo, talvez más vulgar, mucho más vulgar, es porque no pretendo la soledad, y aspiro a la amistad y al compartir contigo, y para estar contigo, si no soy vulgar, tendría que irme a las altas montañas y hacerme hermitaño.
Por eso me doy a estas cosas: la palabra ignorante mata el conocimiento, mas, la palabra sabia lo resucita...
Y si caes en cuenta, mientras tú y los demás viven lo que les toca, yo me veo seducido a saber a qué atenerme en este mi existir que me ha tocado. Y por más que el vulgo crea que filosofar, en estos tiempos, no conduce a nada, hacen gala de su ignorancia, quizá flojera intelectual, no ante mi humilde inquietud sino ante sus propias vidas. Pues no hay existencia que no necesite de observarse, ni siquiera la tuya, ya que eres uno de esos a los que aconsejo a la reflexión, más allá de lo que yo diga o no: mis pensares son míos, solucionarían mis propios problemas; mis palabras son mías y sólo en mí adquieren importancia, y sólo es a mi alma a la que sanarán. A ti te toca lo tuyo, tus palabras, tus silencios y llantos, y si no tienes las ganas de preocuparte de ti mismo, yo no tengo la culpa.
Por lo demás, mi tiempo lo uso como mejor creo, al menos puedo decir que mi lenguaje a mejorado y, quizá también, lo que sé de mí mismo. Y si actúo de una forma diferente a como escribo, talvez más vulgar, mucho más vulgar, es porque no pretendo la soledad, y aspiro a la amistad y al compartir contigo, y para estar contigo, si no soy vulgar, tendría que irme a las altas montañas y hacerme hermitaño.
Por eso me doy a estas cosas: la palabra ignorante mata el conocimiento, mas, la palabra sabia lo resucita...
Comentarios
Publicar un comentario